| abanderado aliancista dice sentirse continuador. Durante el pasado debate presidencial televisado, que organizó Anatel, el candidato de la derecha, Sebastián Piñera, dijo ser partidario de aumentar y fortalecer los sindicatos y que tiene un proyecto de ley orientado a ello que enviaría en caso de ser elegido Presidente. La postura de Piñera es contradictoria y llama la atención la vehemencia con que la expresó, considerando que hace pocos meses (en septiembre) se oponía a la reforma laboral que intentaba llevar adelante la Presidenta Bachelet, de cuyas políticas sociales el abanderado aliancista dice sentirse continuador. Súmese a ello que en al menos tres ocasiones, siendo senador en la década de los 90, votó en contra de las iniciativas que pretendían fortalecer los sindicatos y el proceso de negociación colectiva en las empresas, además de oponerse pertinazmente a poner fin a la práctica empresarial de contratar reemplazos durante una huelga. No es sólo una postura política, sino también práctica. La ha aplicado siendo empresario, especialmente en Lan, donde tuvo que enfrentar por primera vez una huelga multinacional la semana antepasada, con serias acusaciones a las prácticas de negociación de la compañía, que han determinado la eliminación de varias organizaciones de trabajadores en los últimos años. Los dirigentes laborales de esa empresa han declarado reiteradamente que “en Lan, sindicalizarse es una mala palabra”, lo que se ha traducido en despidos y persecuciones, y no sólo en Chile. ¿Cómo se explica el súbito cambio de opinión, al ver su programa de gobierno en que señala como punto destacado el objetivo de “fortalecer los sindicatos y la negociación colectiva”, ampliando las materias negociables y eliminando las restricciones que tenían los trabajadores para ello? Aparentemente tiene que ver con un matiz: Piñera habla de un sindicalismo “voluntario”, como si actualmente hubiera alguien obligado a formar parte de las agrupaciones laborales. En el debate organizado por la Asociación de Radiodifusores de Chile (Archi), admitió que podría tener problemas con las cúpulas sindicales, pero no con los trabajadores. Así, de un plumazo, borra la confianza que dice tener en la organización de los trabajadores que actualmente ejercen libremente la voluntad de integrar sindicatos y votar por los dirigentes que les parezcan correctos. Hace pocos días, en un encuentro empresarial, el líder de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Rafael Guilisasti, concordó con el gobierno y representantes de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) en que la posibilidad de sindicalizarse es uno de los elementos que constituye un trabajo “decente”, ante lo cual Chile -un país con una tasa de sindicalización de sólo un 14%- está lejos de los países desarrollados. Pero la defensa de un trabajo decente no ha estado ni en la carrera política ni en la empresarial del candidato de la derecha, y una declaración de intenciones que no ha estado acompañada nunca de actos que la respalden no puede ser creíble. Fuente: La Nación |